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LA IDEA DEL DERECHO SOCIAL.NOCIÓN Y SISTEMA DEL DERECHO SOCIAL.HISTORIA DOCTRINAL DESDE EL SIGLO XIX


"Prueba de Lectura de 'LA IDEA DEL DERECHO SOCIAL'

SUMARIO. 1. Perspectiva de conjunto sobre el pensamiento jurídico-social de Georges Gurvitch. 2. La significación filosófica y político-jurídica de la «idea del Derecho Social» en Georges Gurvitch. 2.1. Caracterización del «derecho social». 2.2. Idea social y democracia participativa. 3. Obras seleccionadas de Georges Gurvitch y traducciones al castellano. 4. Bibliografía básica sobre Georges Gurvitch.


1. PERSPECTIVA DE CONJUNTO SOBRE EL PENSAMIENTO JURÍDICO-SOCIAL DE GEORGES GURVITCH

«El ser racional no dispone de nada fuera de la experiencia; ésta es la que contiene toda la materia de su pensar. El filósofo se encuentra necesariamente bajo las mismas condiciones, por tanto parece incomprensible cómo pueda elevarse por encima de la experiencia. Pero el filósofo puede abstraer, es decir, puede separar mediante la libertad de pensamiento lo que está unido en la experiencia».
Johann Gottlieb FICHTE 1


Georges Gurvitch es, como se sabe, un filósofo y sociólogo francés de origen ruso. Nace en la ciudad Rusa de Novorossisk —en la época de la Rusia Zarista—, el 30 de octubre 1894, y muere en París, el 12 de diciembre de 1965, de un infarto 2. Su biografía viene marcada por los grandes acontecimientos que marcaron al siglo veinte, especialmente la Revolución Rusa de octubre, en la que estuvo directamente implicado organizando los soviets. Frente a la concepción dogmática del Derecho (que encuentra sólo en el Derecho un sistema de reglas 3) Gurvitch defendía la realidad social del Derecho. Su actitud crítica en el plano de la ideología jurídica y de la sociología jurídica explican, en gran medida, la compleja influencia que ejerció en el pensamiento jurídico su época, no incidiendo de modo tan penetrante como cabría esperar de una obra tan vasta y rica como la de nuestro autor 4. Ciertamente, la posición de Gurvitch respecto de la sociología no es neutral, pues la concibe, ante todo, como crítica social 5. En el sentido de que expresa una concepción del pensamiento sociológico como análisis crítico de teorías, doctrinas e instituciones sociales 6. Disecciona los presupuestos de las concepciones conservadoras de la filosofía 7 y de sociología e intenta desarrollar teorías más radicales, operativas en la práctica del cambio social. El propio Gurvitch se definía en 1958, no sin cierta amargura, como un excluido de la «horde» de los sociólogos y de los filósofos 8. Un autor en cierto modo marginado del campo de la llamada sociología científica oficial, a pesar de haber sido director y fundador (1946) de Cahiers Internationaux de sociologie y de la Bibliothèque de Sociologie Contemporaine, donde se publicaron los ensayos y monografías más importantes de la sociología. Sin embargo, a pesar de ser un pensador «incómodo» para ciertos juristas «académicos», muchas de sus ideas se «filtraron» (explícita o implícitamente) en el pensamiento jurídico-político de su época, y lo que es más importante muchas de sus reflexiones y propuestas hoy pueden permitir una mayor actualidad y una «rehabilitación» completa que reconozca su extraordinaria contribución al pensamiento jurídico de nuestra época.
Es lo cierto que Gurvitch ha sido uno de los últimos grandes pensadores de nuestro tiempo que tuvieron la audacia de proponer todo un sistema propio y original de comprensión y explicación del fenómeno humano y de la organización social. Para ello trató de conjugar su filosofía pluralista (en lo jurídico y en lo social), de nítida inspiración fichteana (sobre todo su concepción de la organización espontánea de la sociedad y autonomía respecto al Estado), la influencia penetrante de la fenomenología, junto con las aportaciones más avanzadas de las ciencias sociales de su tiempo. Esa tentativa de elaborar todo un sistema global de comprensión de la realidad social a través de la elaboración de un ciencia social totalizadora basada en una metodología propia y, evidentemente, distinta de la asumida por las ciencias naturales. Su filosofía se aparta de cualquier constructivismo y apriorismo dogmático. Desde la filosofía de Fichte 9 centra su atención en el carácter dramático de la condición humana, que reside en la continua creación y superación de obras, valores y conductas, haciendo frente a situaciones siempre inéditas. Para Gurvitch, la personalidad humana se experimenta en la realización de su «vocación», experiencia que se caracteriza como intuición volitiva en cuanto persona libre capaz de superar los determinismos a los que está expuesta la vida humana 10. En esta idea adquiere un papel nuclear su obra madura Déterminismes Sociaux et liberté humaine (1955) 11. Su concepción transpersonalista ocupa un lugar central en su esquema de pensamiento, como fundamento de la integración de las vocaciones individuales en una totalidad social más amplia y comprensiva; y asimismo como reflejo de su más completo rechazo a los postulados individualistas. En tal sentido, caracteriza al transpersonalismo como una concepción ética particular que sintetiza la oposición entre el individualismo 12 y el universalismo en la idea de una onda supraconsciente de creación pura (L’ Idée du Droit Social, 1932; que fue la Tesis Doctoral defendida en la Sorbona en el año 1932 13). Se recibe en esto la influencia de la metafísica fichteana, base persistente de la filosofía social de Gurvitch. En ese esquema de pensamiento, una de las tareas más relevantes de la filosofía jurídica es la de proponer un ideal de justicia, llamado a conciliar de forma previa los conflictos existentes entre los valores personales y transpersonales reconocidos como equivalentes: la justicia (no concebida como valor ontológico, y no identificable con el Derecho natural) actúa como criterio base de solución de los inevitables conflictos sociales. Precisamente el Derecho supone la pretensión de realizar la justicia dentro de un determinado ámbito social (La idea del derecho social, 1932; L’ expérience juridique et la philosophie pluraliste du Droit, 1935). Una segunda tarea de la filosofía jurídica es, asimismo, la defensa de un ideal pluralista que tenga en cuenta la diversidad de las formas de realización de la persona humana en una sociedad democrática 14, y la capacidad de creación de derecho por los grupos sociales y cuya positividad y eficacia jurídica es independiente del poder estatal (La idea del derecho social, 1932). Gurvitch reafirma la independencia del derecho social respecto del poder estatal, y, en general, la supremacía del Derecho en sí sobre el poder. Para él el derecho social es siempre un derecho autónomo, producido originariamente por ciertos grupos sociales y que no puede ser nunca impuesto externamente 15. El derecho social refleja en lo jurídico el pluralismo social y la existencia de una multiplicidad de centros de poder creador de Derecho en una sociedad dotada de cierta complejidad 16. El pluralismo de los centros de poder confiere un lugar central a los grupos y actores sociales operantes. El derecho social es para él un derecho de integración, no de exclusión (en el que suele recaer el derecho de coordinación interindividual) ni de subordinación (vertical, imbuido de tentación totalitaria y mecanicista, según él), que ordena las relaciones socio-jurídicas de las agrupaciones sociales y expresa el orden conferido por la propia sociedad a través de sus innumerables agrupaciones y unidades sociales; es, pues, un derecho de la misma sociedad autoorga¬nizada, de modo pacífico y dotada de un conjunto de reglas de juego cuya coacción se asume compartidamente en la medida en que se forma parte del grupo. La normativa de sus reglas no requiere necesariamente de la elevación del derecho social al rango de derecho público; aunque en algunos casos se puede producir esa reconducción jurídico-institucional. Los actores ostentan un poder de autorregulación de sus propios intereses atendiendo a criterios de solidaridad interna y de justicia distributiva. De ahí que su misma existencia constituye una realización práctica del «transper¬sonalismo» y del principio de la democracia. Para Gurvitch, la democracia es el derecho social organizado, de manera que la soberanía del derecho social es democracia (L’ experience juridique, 1935). En coherencia, según Gurvitch, son formas típicas de democracia, la democracia económica o industrial, que antepone a las relaciones de poder el orden que emana de la comunidad subyacente a las organizaciones. Este orden social estaría llamado a sustituir al orden individualista y a su forma típica de expresión y organización, esto es, al derecho individual imperante en las organizaciones económicas del sistema económico actual. Las instituciones de la democracia económica o industrial vertebradas a través del derecho social suponen unas fórmula que contribuyen a realizar el socialismo democrático (L’experience juridique, 1935). Para él la realización del principio de la democracia exige el pluralismo jurídico extra-estatal de los grupos reflejado en una multiplicidad de ordenamientos jurídico-social 17. Defiende un pluralismo democrático que sitúa al hombre en los marcos sociales donde se desenvuelve su existencia y su personalidad. Según Gurvitch, el pluralismo democrático integra la variedad pluralista en una síntesis más vasta y trascendente: la síntesis de la libertad y la igualdad basada en la fraternidad; síntesis que expresa el ideal democrático y acentúa la variedad gracias a la libertad, la unidad en virtud del juego de la legalidad de las personas y de los grupos participantes en la comunidad fraternal. Por ello mismo su propuesta de reforma política y social en profundidad se inscribe como una continuación cualitativa del ideario de la Revolución Francesa y se refleja perfectamente en su Déclaration des droits sociaux (París, 1946), llamada no sólo a completar las grandes declaraciones liberales sino también a realizar todas sus potencialidades de realización del hombre con arreglo a la idea social 18. El derecho social de integración es parte, pues, de toda una concepción de la democracia y de la asunción de una más ampliación concepción iusfilosófica que no es otra que el transpersonalismo que nunca le abandonó (y que se corresponde con el ideal-realismo influido por Fichte). Significativamente muestra que dialéctica y empirismo sólo pueden contribuir a liberar de dogmatismo a la sociología, a convertirla en científica a condición de unirse. De ahí algunas expresiones que sorprenden por su necesaria complejidad, como «hiper-empirismo dialéctico», o «dialéctica empírico-dialéctica». En este sentido se puede afirmar que la inspiración primera de la dialéctica auténtica es la demolición de todos los conceptos adquiridos para impedir su «momificación», la cual se deriva de la incapacidad para captar las totalidades reales en movimiento. El empirismo no se limita a una interpretación particular de la experiencia. A través de ésta quedamos sumidos en la dialéctica. Precisamente la unión de la experiencia y de la dialéctica es lo que, en verdad, proporciona la experiencia en su plenitud. Lo que hace que la experiencia se encuentre tan próxima a la dialéctica, y que le sirva de impulso, es que rompe continuamente sus propios marcos de referencia. La dialéctica, así entendida, permite luchar contra todos los dogmatismos, porque su verdadera vocación es hacer imposible todo dogmatismo, sea confesado o disimulado 19.
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