LAS LENGUAS DE UNA LENGUA - Benedetti, Andrea // García Aguilar, Mónica
"Prueba de Lectura de 'LAS LENGUAS DE UNA LENGUA'
Maldita Babel. Entre todas las calamidades que ha sufrido la especie humana por su hybris y por su impiedad, la multiplicación de las lenguas ha sido sin duda de las más pedagógicas y enriquecedoras, pero ha supuesto también un paso más en la progresiva e irreducible fragmentación de nuestra identidad puesta en marcha a raíz del pecado original.
Es difícil imaginar la humanidad antes de aquello, aunque es probable que la comunicación fuera una actividad mucho más sencilla y efectiva, quizá incluso aburrida. Lo cierto es que, después de ese mítico «big bang» lingüístico, los idiomas se han convertido en otras tantas fronteras, barreras hechas de palabras que dificultan la comprensión y, de vez en cuando, incluso la convivencia.
Lengua es, por ejemplo, la materia del enigma, que es la frontera metafórica entre lo humano y lo divino, y cuya solución-comprensión permite a Edipo superar otra frontera, esta vez material, que le separa de Tebas y de su trágico destino.
Y lengua es también el objeto (y la víctima) del lapsus, que es la frontera psicológica entre el yo y el subconciente, entre lo que se dice y lo que se oculta bajo las palabras.
En un nivel mucho más terreno, sobre todo, la lengua es, junto con la religión y la historia común («altare» y «memoria», que diría Manzoni), uno de los cimientos sobre los que se edifican las naciones, los nacionalismos y sus más o menos legítimas fronteras territoriales. Porque la lengua es una entidad muy escurridiza (sobre todo para los lingüistas) y, sin embargo, es muy fácil de impugnar.
No debe sorprender, pues, que las lenguas tengan también fronteras interiores que pueden ser todavía más rígidas, excluyentes e infranqueables que las externas: nos referimos a las que separan entre sí los dialectos, pero también a las enormes diferencias que pueden existir, según el contexto comunicativo, entre los distintos registros y los distintos subcódigos en los que se articulan las lenguas y que corresponden a lo que la sociolingüística ha codificado como variedades diastráticas, diafásicas y diamésicas.
A estos últimos fenómenos está dedicado el presente libro, cuyo título —«Las lenguas de una lengua»— delata por adelantado sus intenciones. De hecho, nuestro propósito consiste justamente en echar una mirada a la amplia y multiforme galaxia de las «microlenguas» presentes en algunas lenguas románicas (español, francés e italiano), una galaxia que incluye desde los lenguajes muy formalizados (como los de la ciencia, la tecnología, el derecho, etc.), propios de disciplinas con un elevado grado de especialización, hasta las jergas y los argots, que se utilizan en determinados contextos sociales para la comunicación normal y corriente y que, sin embargo, presentan al menos un rasgo común con los lenguajes especializados, es decir, su sustancial incomprensibilidad para los que no forman parte del grupo (profesional o social) que los utiliza.
Por lo general, con el concepto de «microlenguas» (o de subcódigos, o lenguajes especializados) se suelen indicar fenómenos básicamente léxicos. Es cierto, por ejemplo, que la diferencia entre el subcódigo médico y el jurídico es periférica con respecto al núcleo común de la lengua y se manifiesta, sobre todo, en divergencias de tipo terminológico. Y, sin embargo, no se puede pasar por alto el hecho de que el mismo lenguaje jurídico presenta, además del léxico, también una sintaxis propia, más compleja y rebuscada que en otras disciplinas o en otros contextos. Observaciones similares se pueden hacer sobre otros lenguajes menos formalizados y, por supuesto, también sobre jergas y argots.
Así pues, este libro abraza un horizonte temático muy amplio, aunque sin perder su intrínseca unidad que es el fruto, entre otras cosas, de una línea de investigación común desarrollada dentro del Grupo de Investigación sobre Lingüística, Estilística y Computación (GILEC), del que forman parte casi todos los autores que han participado en esta publicación.
Única presencia «externa», es la de la doctora Julia Sanmartín de la Universidad de Valencia, que se ha sumado a este trabajo como invitada con un capítulo dedicado a la jerga de la «trena», concediéndonos un privilegio del que esperemos haber sido dignos. En nuestro caso, la lengua nos ha unido. A pesar de Babel.
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